FERNANDO  TEJEDA

LITERATUR



Texte von Fernando Tejeda - Textos de Fernando Tejeda

Para que todos lo sepan
y para que el tiempo no lo borre
con su paso de olvido,
dejo estas palabras
con sangre de mi corazón escritas...

Para que todos sepan, entonces,
cuento las cosas más mías,
como no lo he hecho nunca.

De todo quiero contarles
y tanto, tanto tengo que contar,
que tengo miedo de cantar tanto,
de tanto cantar,
de cantar fuerte.
Pero me atrevo,
me atrevo y canto
y mi canto es grito
y mi grito es llanto...

INDICE

-ANTUCO, DESDE LEJOS...  (Una historia antucana)

-EL VOLCAN, EL BOSQUE Y EL AMOR. (Cuatro relatos de amor antucano)

„Nocturno"

"Ven conmigo"

„Un rayo de Sol"

„A Paula“ (Se murió en invierno)



ANTUCO, DESDE LEJOS...

(Una historia antucana)

De tan lejos escribo,
donde la distancia se acaba,
más allá de todo lo existente,
más allá del horizonte de la tarde
y del mundo
¡Tan lejos estoy!
Tan lejos y te recuerdo,
aunque sé que no he salido nunca,
porque cada vez, me despido
para quedarme.
Voy por el mundo
sin descanso ni pausa
y entonces, mi cuerpo cansado,
quiere volver a encontrarte,
para recuperar su alma.
Allá dejo mi niñez, abandonada,
sola, como un pájaro perdido.
Mis ojos reclaman el cerro y la lava,
las rocas sueltas,
del último derrumbe
y las calles con sus perros apurados.

En esos campos y cerros,
quedaron las primeras huellas
que dejé en la tierra.
Porque yo llegué a Antuco,
cuatro meses después de nacer,
a quedarme para siempre...
Y entré en los brazos de mi madre,
en esa casa grande, frente a la plaza...
Mis días comenzaban entonces,
con la música de los pájaros de la Higuera
y las primeras luces,
que los gallos traían del volcán.

Sueño contigo, Antuco,
en un sueño largo como la vida.
Es un sueño, que no quiere despertar nunca,
y así vuelvo todas las noches
a caminar por el jardín de la casa,
donde me esperan
los Rosales de mi infancia,
con sus rosas y su fragancia,
el Naranjo y el Cedrón de siempre,
los Manzanos, el Olivo
y el desfile de Cipreses
donde duermen los gorriones.

Y dicen que me han visto
también, arriba en la montaña,
buscando copihues frescos,
bañados de rocío y niebla
y de lágrimas de distancia.

Veo el trigo que pinta los cerros.
Escucho el rumor de los Alamos del cementerio,
donde me esperan mis padres.
Y los Tilos de la esquina,
que han escondido tantos besos
y guardado tantos secretos,
en las noches de silencio de Antuco...

¡Pero si les contara todo,
no terminaría de contar nunca!
De las vertientes y el Poléo
les contaría
y los saltamontes del Pañi Rupe...
Les contaría también
de lugares escondidos
que sólo yo conozco,
donde cantan grillos y chicharras
y las libélulas enamoradas
danzan su danza transparente.



(El Bosque)


Atravieso el bosque de Roble y Raulí,
bosque asaltado, robado y herido,
por piratas indignos, cuatreros sin alma,
bandoleros sin escrúpulos,
ladrónes desvergonzados,
que sólo ven el oro
de tu savia antigua.
Y con ese mismo oro, robado del mundo,
pagan a corruptos e inmorales,
para seguir robando,
hasta que la lluvia sea un recuerdo.

Pero el renuevo de la vida
te hará renacer orgulloso,
tierno y sin venganza.
Ellos se hundirán
en sus tumbas en llamas,
y tus árboles volverán a crecer hasta el cielo,
devolviéndole el corazón a la tierra.

Paso por montes de Avellanos y Canelos
Y veo de lejos las Araucarias grandes
que me esperan.
Y nos unimos en un abrazo sin tiempo.
Y así, abrazo a mis antepasados,
a mis abuelos
y a mi raza de héroes
maltratados y asesinados.



(El Laja)


„Se despeña el torrente del Laja...“
Dice el Himno de Antuco...
„Manantial de riqueza profunda...“
„Hace fértil la tierra y fecunda...“

Y voy a encontrarte,
con mi recuerdo de entonces:
Tu caudal transparente,
que buscaba el mar
con la fuerza de un rayo.
Con tus peces de argento y resbalosos,
ancho como el valle, de piedra y espino.
Serpiente infinita y poderosa...

Y te encuentro enfermo, débil, envenenado,
explotado hasta la última gota.
Se robaron los árboles del bosque,
se robaron la lluvia...
Y por tu curso, corren sólo las lágrimas de la Sierra.
Y sin agua, se mueren las flores...
y te están matando...



(El Volcán)


Pero como no contarles
de mi volcán,
que nacido en el nido de un cóndor,
elevó su alma ardiente,
empujando nubes y estrellas.

Yo sentí el temblor
de tu corazón,
cuando llegué al mundo
y nos miramos toda mi vida,
hasta que tuve que partir lejos.

Pero te recuerdo
con tu manta escarchada,
tu velo de nieblas,
o de rojo arrebolado,
o azul distante.
Y yo sé, que en esta hora,
desde lejos,
tú escuchas mi corazón
que tiembla contigo...



(La Primavera)


Después del rayo y del trueno,
la nieve fría, el agua y el barro,
llegaron los arreboles
y los tordos de la tarde.
Y la tierra parió su manto verde
desde sus entrañas
y se aclaró el valle
como un sueño luminoso.

Pasó un ángel volando
lanzando su cargamento
de colores y fragancias.
Nabos y Puyas azules
colorearon la roca.
En el monte explotaron los copihues
y el Arrayán y el Quillay
mostraron sus pétalos al mundo.

Bajó la nieve del cerro, cristalina,
lavando piedras y minerales.
¡Llegó el concierto de los pájaros!
¡Diucas, lloicas y tortolitas
llegaron cantando!
Y bajaron del sol los picaflores...
Comenzaron su trabajo interminable,
los insectos laboriosos del campo.
Nacieron coliguachos, moscardones
y mariposas
y Antuco se pobló de flores,
de canto y de luz..



(El Pilque)


¡Centinela de piedra
y pecho de cobre,
que vives arriba en el cielo!
Yo te conocí cuidando el valle,
atajando rayos y relámpagos,
protegiendo fugitivos,
como un Toqui responsable,
¡Desafiando huracanes
como un faro!

Cada mañana levanté mi mirada
para saludarte
y cada mañana,
recibí tu invitación magnética
y peligrosa...
Hasta que subí a verte.
Y me diste tu abrazo grande
de roca cálida
y miramos juntos el valle infinito,
desde tu altura de coloso.

Tú, siempre arriba,
besando la Cruz del Sur,
dando tu pronóstico infalible:
„Se tapó el Pilque, va a llover“,
mostraste tu cara y salió el sol...
¡Tú traes a Antuco el agua!
¡Tú traes a Antuco el sol!



(El Otoño)


¡Y otra vez el otoño
estalló en Antuco
como un volcán!
¡Los árboles ardieron como nunca!
¡Como nunca sus llamaradas!
¡Llovieron llamas en el bosque!
¡Bosque de arreboles!
¡Se vistieron de sol las hojas!
¡Doraron su cuerpo
para anunciar su vuelo!
¡Bailan los árboles esta vez
su danza loca
de colores en el viento!
¡Baila el bosque!
¡Mar de brasas encendidas!
¡El fuego! ¡El fuego!
¡Que quiere llegar hasta el cielo
bailando!
¡Canción de pájaros enloquecidos!
¡De loros y papagallos!
¡De cada árbol,
volaron mil pájaros amarillos!
¡Se iluminó la tierra!
¡Se prendieron las luces del mundo!
¡Las hojas florecieron como rosas!
¡Como girasóles, como geránios!
¡En Antuco floreció el otoño!
Y aquí, floreció también
mi corazón...
Y como la boca de un cráter explosivo,
se volvió fuego y sangre
y cantó y bailó en otoño...



(El Puelche)


¡Llega la ventolera gritando!
Golpeando la puerta
como un viajero desesperado,
despertando el sueño del bosque.

¡Todo se lo lleva el viento!
El misterio del amor,
la alegría del retorno al abrazo,
todos los besos besados,
las lágrimas olvidadas
y el canto de todos los pájaros.

Después de nacer
del vientre del pasado,
se lleva el viento
la vida, girando.
Pasa la vida volando,
como un cóndor silencioso
que se va lento
como la tarde...

¡Pasa la ventolera
barriendo todo!
el presente y lo que pasó:
El recuerdo más tierno
y el amor más profundo.
El remolino del tiempo
nos lanza al espacio infinito
de la vida y la muerte dulce...



(El Puelche y la Vida)


Pasó el Puelche huracanado,
arrastrando la memoria y los sueños.
La vida entera pasó zumbando
con el viento rotundo y decidido.
Arrancó raíces profundas,
levantó amaneceres y llantos.
Mordió como un cuchillo,
almas, rezos y lamentos.
Pasó silbando
como un tren nocturno,
sin detener su carrera,
sin rumbo y sin meta...

¡Todo vuela para siempre!
Mi niñez se fué volando
como un volantín sin hilo.
Pasa el Puelche,
barriendo las esquinas
por donde pasó el „Burro“ Balboa,
desparramando sus poemas al viento.
Voló hacia el recuerdo,
la Juanita Briones.
Y el viento se la llevó
cantando con su guitarra,
de falda larga y suecos.
Y el pan caliente de doña Dorila,
que sacaba desde el centro de la tierra.
¡Todo se lo llevó el Puelche!
Galoparon en el viento,
Cocheca y sus bombachas de otra tierra.
¡Arnoldo pasó volando!

Voló el eco del cerro,
que guardaba para siempre,
el canto mágico y nocturno
del príncipe gitano Juan California.
Y la Anita Ríos,
con sus merengues de nieve dulce...
El „Huique“, largo y de azul,
Domingo „Levantado“,
con sombrero y botas de goma...
¡“Cochecho“, bailando cueca
como un puma!
¡El Puelche arreó con todos!
La Aurora Jara y su negocio amarillo
al final del mundo.
Y la turca Ernesta,
vendiendo telas traídas de lejos.
El viejito „Cobre“, picando leña
bajo el Olivo...
Y don Horacio, silencioso y amable,
que endulzó toda mi infancia
con sus pastillitas lilas de anís.
Su negocio genial, único como un planeta,
donde todo colgaba del cielo...

¡Todo voló!
Doña Ana de Ferreira, vestida de negro,
detrás de su mostrador
de revistas, libros y diarios.
La Luisa Infante vendiendo de todo
y „Cachila“, cosechando la miel mas pura.
Y el profesor Paz y su señora Albertina,
siempre sonriente,
alto y sereno como un Alamo...
El „Civil“ Figueroa, el único de terno y corbata...
El practicante Bravo, „Médico del pueblo“.
¡Todos volaron!
Y en el último otoño, voló Antonio...



(El Puelche y el Verano)


Y con el verano, llegaba la vida
y Antuco despertaba...
¿Quién llegó? ¿Quién habrá llegado?
¿Llegaron los Acuña, al hotel de Lillo?
¿Llegó Alejandro Ruiz-Esquide,
con su gorro blanco de cazador?
¡Mariano llegó a caballo!
¿Llegaron los Pons?
¿Llegó don Sirinio,
en su auto de otro tiempo?
¡Tantos llegaron, todos volaron!

Y se llenaba la casa...
Llegó la tía Alicia,
tomando la sangre tibia
„de animal recién sacrificado“.
Y la Ximena, la Cecilia
y la Pilar...Tan importante para mi...
Con ella nos fugábamos
de la siesta obligada,
para perdernos en las chacras
y huertas de Antuco,
con la Laura, la Flor y la Luzberta...
Y el viento, se llevó hasta el chaleco
que amarró todo un verano,
mi cuerpo de niño
con la ternura de mi prima...
¿Te acuerdas Pilar?

Llegó la tía Silvia,
pintando al pastel,
el tío Juan, sacando fotos,
y mi abuela doña Ana, gran dama
y señora de otra época,frágil y elegante
como una mariposa,
con sus tacones altos y su bastón,
hecho por el tío Pancho.

Vino la tía Gabi con Ortúzar,
en su camioneta azul, con perro y todo...
Llegó Camurri con la Brunella y Carlo Guido.
La Olga, la Nancy, pintando paisajes al óleo.
El „Huevo“ Zañartu, Panchulo,
Mella, durmiendo en la biblioteca,
Rubén Sotoconil, el tenor Gutiérrez,
Pablo Neruda y su poesía verde...

¡Todos llegaron!
¡Y a todos se los llevó la ventolera!
Y se instalaron frente a la plaza,
las carpas de los circos pobres del verano,
y volaron con trapecistas y payasos,
como cometas inalcansables.

Y mi padre, enseñándome -yo tan niño-
poemas de amor:
„Amo el amor de los marineros
que besan y se van...“
-Repita... me decía...
Y mi voz de niño,
se llenó de poesía y amor para siempre...

¡Pasa el remolino de la vida
y todo vuela, todo se va!
Por las tardes, iba yo,
de la mano de doña Genovita,
a la casa de cristales y plantas
de mi abuelo Nicolás y mi abuela Julia,
en La Peña...
Nos recibía el jardín de la tía Mirtha,
encendido como un arcoíris,
peligroso como una quebrada.
Había tortilla y mate:
El primer mate amargo, para la tía Rosita,
luego, la tía Yeya y así,
comenzaba a girar el carrusel de los recuerdos...
Y entonces, la casa olía a milagro...



(El Puelche y el Amor)


¡El tiempo pasó como un río!
Y llegó la adolescencia enamorada
y mis ojos vieron la vida de otro color...
Y todos fuimos a la virgen de La Peña
y al Mirador...
Y las puestas de sol, fueron diferentes,
llenas de miradas cálidas
y sonrisas de esperanza...

En Antuco, en ese tiempo,
en una noche caliente y estrellada,
iluminada sólo por luciérnagas,
besé por primera vez.
Y el primer beso,
es el beso que no se olvida.
Fue en el monte cercano, de Litre y Quillay.
Y esa noche, florecieron los Cerezos del campo
y los Magnólios del jardín
y mi alma de niño,
se iluminó como un amanecer...

Y un día llegaron los Díaz,
con las niñas más lindas que vió Antuco...
¿Qué será de la Cecilia,
la Marisol y la Pilar?
¡Tanto recuerdo en el viento!
De lejos, se me apareció la Magina...
Y paso a paso,
nos acercó el verano...
Y la Mirtha, pasó y voló lejos
y se llevó mi amor entero...
La Marisa pasó a caballo,
tan delgada y delicada,
como el suspiro de un ángel
y bastó un sólo beso,
para estremecer nuestros corazones
por tanto y tanto tiempo...

Otros amores pasaron
y sus nombres se los llevó el viento.
Conocí la más dulce ternura
y la ansiedad más desesperada
y besé besos de fuego,
besos antucanos,
a veces secretos y prohibidos...



(Me lleva el Puelche)


¡Pasó la ventolera
con toda su fuerza!
y me llegó la hora de partir...
Y lejos me llevó el Puelche.
¡Tan lejos!
Me fui con dolor
y dejé mi tierra adolorida.
Mundos nuevos me recibieron
y no desistí a la alegría.
¡Tanta historia!
¡Tantas cosas pasaron!
Mi vida se llenó de colores
y los colores me dieron la vida...
Amé en todos los idiomas
y tan lejos, también me quisieron.
¡Tanto camino recorrido!
Sentí el dolor de la distancia,
pero no renuncié a mi existencia.
¡Y mi vida entera pasó como el viento!
¡Tan lejos! ¡Tan lejos!

Pero el Puelche, va y viene
y con el Puelche,
volveré un día
con mi corazón abierto,
trayendo un pasado inmenso...
Y llegaré a Antuco,
a abrazar por fin mis sueños
y a caminar mis últimos pasos,
sobre las primeras huellas
que dejé en la tierra...


Antuco, Desde Lejos.pdf

EL VOLCAN, EL BOSQUE Y EL AMOR
(Cuatro relatos de amor antucano)

( NOCTURNO )


Lanzo mis manos al aire,
revoloteando apuradas,
como dos pájaros libres,
a buscar las estrellas fugitivas
y mensajeras,
de esta noche oscura y sin consuelo,
de esta noche larga,
de dolor de cuchillos,
de hierros y cristales...

Otra vez, se alzó
mi sueño nocturno
para tenerte a mi lado,
para recibir tu caricia lejana,
para sentir tu recuerdo caliente
de pradera asoleada.

Con el abrazo oscuro de la noche,
llega la hora del ansia inevitable.
Cáe la noche como un rebozo negro
y se enciende mi corazón
para recibirte...
Abro todas mis puertas
para que nada impida tu llegada,
para que entres libre
con la luz de la Luna...

Siento el eco de tu cuerpo
en la oscuridad y el silencio...
Y la noche, que trajo tu sombra,
se levanta conmigo
prendiendo las lámparas
de la pasión y el ansia,
hasta que llegue el alba,
llorando su rocío de plata...

El bosque murmura una canción
y el canto me lo trae el viento
y el viento te busca conmigo
y yo soy el viento
que te busca y canta.
Los árboles me cuentan de tus cosas
y me dicen que también me buscas.
La noche es larga...
Va al paso lento de la Luna.

Ladran los perros lejanos de la noche
y mi abrazo busca tu cuerpo pequeño
para protegerte.
Quiero sentirte dormida a mi lado
y que soñemos el mismo sueño
de ilusión interminable...

¡Quiero que se levante el alba!
¡Que se levante tu corazón
con el mío!
¡Que salte el Sol
calentando el frío que nos duele!
¡Que suba la esperanza
por la montaña alta!
¡Que llegue la luz!
¡Que vuelva el futuro
trayendo el amor!
¡Que llegue la voz,
que llegue el canto!
¡Que se levante la mañana
con su grito luminoso!
Y la risa espante la sombra nocturna
y el hielo,
para comenzar la vida clara...

¡Quiero una tempestad
de luces y fuego...!
Quiero que mis manos te encuentren
entre las estrellas prendidas,
para que la luz de tus pasos
ilumine el sendero
que quiero caminar contigo...

Pasan los días
con el viento tibio del verano...
Y siempre, después de los arreboles,
a la hora de las estrellas,
llega el calor de tu cuerpo dulce,
que nació en la tierra como una flor,
delicado y frágil,
como una violeta al viento...


Nocturno.pdf

( VEN CONMIGO )


¡Muéstrame tu corazón sin antifaz!
Destruye tu pasada vida.
Arranca de tu pecho
el dolor de antes.
¡Abre tus brazos!
Y ofréceme tu cuerpo de barro,
deshecho de lágrimas nocturnas...
Yo te modelaré de nuevo
y renacerás en mis manos
con una geografía
que no conoces.

Pasaste por la vida
como un ángel de pecho ardiente,
como un pájaro herido.
¡Y la tierra gritó contigo!
¡Y los volcanes lloraron
sus ríos de sangre,
lanzando cometas y relámpagos!
Y subieron los cóndores
por la noche,
a besar la Luna grande,
mientras la niebla azul
cubría el clamor del bosque,
que sufría contigo...

Yo encontré tu alma perdida,
arrancando de todo,
subiendo al Sol sin escaleras,
buscando la luz, desesperada,
para ti negada hasta entonces.
Y te ofrecí mi mano
y te abracé a la distancia
para llevarte conmigo.
Y entonces saqué mi espada
para luchar a tu lado,
para defender tu alegría,
para darte el calor desconocido,
para reparar las alas del vuelo,
para levantar tu vista de sombras,
para liberar tu corazón encarcelado...
¡Ven conmigo,
ven conmigo!
¡Abreme tus brazos
y fúndete para siempre en los míos!

Ven Conmigo.pdf

( UN RAYO DE SOL )


Nacimos de la misma semilla,
tirada al viento del Sur
por nuestros antepasados,
entre el volcán y la sierra...

Y separados por el tiempo
y la distancia,
me llegó tu vida un día
y entró, como una sinfonía de pájaros,
enloqueciendo mi corazón que dormía.

Te quise con la velocidad del viento
y te abracé
para no soltarte nunca.
Pero tu cuerpo era de niebla
pasajera,
que siguió su camino implacable...
Y mi corazón, quedó abierto y con frío.
Mis besos, se quedaron
sin el ansia de tus labios
y mis manos,
acariciaron sólo un sueño,
porque sólo un sueño
fue lo que tuve
y la alegría, que llegó contigo,
se fue como una ilusión.

Y sin saber por qué,
nuestro mundo
se inundó de lágrimas
y nuestro Sol,
se apagó de un soplido.
Se fueron las estrellas
y dejaron la noche vacía
y quedó el dolor oscuro
y el llanto que llovía,
hizo la tierra más fría.
Mi alma, quedó navegando
como un barco perdido
en un océano infinito,
sin puertos ni faro...

Y mi amor te quedó queriendo
y yo sigo soñando mis sueños
y por la mañana, al alba,
tu lo sabes,
te llegará mi amor
como un rayo de Sol
y sentirás en tu rostro,
el rocío fresco
que cáe como un beso,
que viene de lejos
a quedarse para siempre
en tus labios...

Un Rayo de Sol.pdf

A  PAULA  (Se murió en invierno)


Sembré una lágrima en la tierra,
dolorosa y desesperada,
para que un día naciera el olvido.
Se humedeció entonces la tierra
y se regaron las raíces más profundas
de los bosques petrificados
de los primeros tiempos.
Y despertaron los árboles
y levantaron su cuerpo de marfil
buscando la luz y el viento.
Volaron los treiles
con su griterío de alarma,
rugieron los pumas del alto,
cantaron las lechuzas de la noche
y la Luna rodó su ronda conmigo.
Me miré en un espejo
de brasas y llamas
y vi el reflejo de un abismo misterioso
y vi mi vida pasar
galopando con la muerte.
¡Yo buscaba el olvido
y encontré el dolor más fuerte!
¡Sembré una lágrima en la tierra
y nació una corona de espinos!
Un remolino de polvo y cenizas
llegó a todos los rincones
y de mi pecho partido,
nacieron rosas de sangre,
de carbón y de sal...
Busqué el olvido
y te encontré en todos los lugares.
Salieron tus manos de la tierra
buscándome
y nació la esperanza imposible
y tus ojos me miraron de todas partes
y lloraron conmigo.
Abracé tu recuerdo dulce y delicado,
que no se fué con el tiempo,
que persistió a todas
las tempestades del alma,
que no huyó de los gritos desesperados
de las piedras volcánicas,
ni del eco del lamento enterrado.
Tu mirada se quedó en mis ojos,
el canto de tu voz, en mis palabras
y cuando te fuiste silenciosa por la noche,
no te fuiste de mi lado
y seguiste caminando conmigo
y cerrarás recién tus ojos,
sólo cuando yo cierre los míos.


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